EXCLUSIVA: ¿QUIÉN FUE EL PRIMER CONTACTADO MEXICANO?



EL RANCHERO QUE FUE A OTRO PLANETA

Por. Carlos Guzmán Rojas

La historia de los “contactados” en México ha sido esporádica podemos hacer posiblemente ahora una relación de estos desde los años 50’s y quizás los casos que verdaderamente merecen un reto de análisis son contados con los dedos de las manos. Sin embargo para comprender esta pieza del inmenso rompecabezas que es la temática OVNI hay que estudiarlos para así encontrar paralelismos, analogías o incluso contradicciones que nos sirvan para comprender el fenómeno contacto, a continuación transcribimos la historia de Antonio Apodaca que seguramente no es conocida por la generaciones actuales ya que aconteció en la década de los 50’s. Agradezco a mi amigo Jorge Reichert Brauer, co-fundador de nuestro grupo CIFEEEAC los materiales que se utilizaron para la elaboración de esta nota.

Una noticia que sin duda causó expectación fue dada a conocer por el diario Novedades en los años 50’s a un artículo que escribió el periodista Manuel Gutiérrez Balcázar quién bajo el seudónimo de M. GEBE publicó una serie de notas periodísticos sobre un joven ranchero originario del estado de Jalisco quien aseguró haber sido llevado en un platillo volador a otro planeta. ¿Verdad? ¿Mentira? A continuación resumimos parte de esta historia:

Jorge Reichert Brauer Izquierda, Salvador Villanueva Medina al Centro, Walter Brauer Kleinecke Derecha

Previo a esta historia M. GEBE dio a conocer las historia de Salvador Villanueva Medina es importante mencionar que su relato tenía todas las características que presentan otros casos de contactados aunque no menos cuestionables como los de; George Adamsky, Daniel Fry, Desmond Lesly o Cedric Allingham, quienes incluso dos de ellos viajaron a México para hablar con este y seguramente comparar sus experiencias.

Lo extraordinario de estos dos contactados mexicanos (es que no pudieron haber inventado una historia así (o cuando menos una posible hipótesis es esta, ya que su nivel cultural les hubiera limitado esta situación, por otra parte ambos no conocieron con antelación los casos extranjeros ya que además estaban escritos en otros idiomas), y puesto que las experiencias de los contactados a los que hicimos alusión en forma general aún no eran aún conocidas en México, ni sus libros habían sido traducidos al español (por ejemplo el libro de Aterrizaje de Platillos Voladores de G. Adamsky se publicó en septiembre de 1953 en idioma inglés y su publicación en español en México se llevo a cabo en 1955).


Pese a que el caso Villanueva tuvo opiniones muy divididas su historia trascendió las fronteras de México causando expectación en varios países de Sudamérica, Europa y Estados Unidos (su experiencia se tradujo entre otros idiomas al idioma Alemán). De acuerdo a M. GEBE, Adamsky y Desmond Lesly entrevistaron a Villanueva en sus viajes a nuestro país, afirmaron, en su momento, que el testimonio de Salvador Villanueva era cierto. El reportero M. GEBE señaló que el contactado mexicano jamás titubeó ni alteró su versión de los hechos ni aunque hubiesen pasado muchos años después que se dio a conocer su historia.

Villanueva siempre respondió a la prensa y a los investigadores con aplomo, convicción y seguridad. De buen talante incluso viajó a ciudad Valles con el reportero M. GEBE para hacer un recuento de los hechos donde Villanueva tuvo su encuentro con los extraterrestres.

LA HISTORIA DE ANTONIO APODACA

Otro contactado que tiene similitudes con el caso Salvador Villanueva Medina (q.e.p.d.) es el de un ranchero de nombre Antonio Apodaca, un trabajador del campo del estado de Jalisco, quien afirmó haber hecho contacto con seres del espacio y quienes lo llevaron a conocer otro planeta en una nave espacial. Apodaca por conducto de M. GEBE envió una carta a Salvador Villanueva con el propósito de compartir su experiencia. Gracias a unos familiares de Antonio que vivían en el D.F, este se enteró del caso de Salvador Villanueva ya que ellos le hicieron llegar los artículos que M. GEBE había publicado sobre la experiencia de Villanueva Medina.

EL ENCUENTRO DEL RANCHERO


Antonio, hombre en ese entonces con planes de boda, relató que el 9 de octubre de 1953 arreglando la cerca de un pequeño huerto que tenía su madre junto con dos peones de pronto vieron un objeto circular azulado que iba descendiendo como una pluma en el aire, cerca de la zona donde se encontraban.

El miedo los paralizó a los tres mientras que los dos tripulantes, que eran dos personas bajitas, se acercaron lentamente hacia ellos. Uno de ellos se aproximó a Antonio Apodaca y este, temiendo lo peor, estuvo a punto de sacar la pistola para defenderse, pero los hombrecitos se acercaron con las manos en alto al mismo tiempo que aseguraban afablemente, en perfecto español, que no les harían daño y que eran amigos.

El más alto de los dos seres no medía más del metro con 20 centímetros. Sus vestimentas le parecieron muy estrafalarias a Antonio y a los peones. Después el ranchero afirmaría que sus trajes eran, ceñidos a las muñecas y a los tobillos, y parecían estar hechos de un material como “pana” de color gris. Llevaban un casco que se prolongaba en la parte trasera de la cabeza y por debajo de éste escapaban mechones de pelo ondulado y platinado que caían sobre sus hombros. Para rematar el raro atuendo, llevaban un cinturón ancho que emitía destellos muy intensos. La madre del ranchero al escuchar los escandalosos y persistentes ladridos de los perros salió al huerto para ver qué era lo que estaba pasando y al ver a los seres cerca de su hijo se extrañó, preguntándose quienes eran esas personas de tan inusual aspecto.

El ranchero entonces más relajado y convencido de que venían en son de paz los invitó a pasar a su casa, pero jamás pasó por su cabeza al principio que fueran de otro planeta (simplemente pensó que eras unos pilotos extranjeros con una nueva nave área). Acto seguido les presentó a su madre haciéndolos pasar por amigos de Guadalajara, luego les ofreció de beber Tequila, pero éstos cortésmente rechazaron el líquido por lo que la madre de Antonio les ofreció algunas frutillas y dulces, lo que más les gustó fueron las nueces acarameladas que devoraron con avidez.

Estos seres demasiado pequeños en comparación al ranchero quien medía 1.82 metros de estatura. Después de departir un rato los llevó a recorrer el rancho y lo que más maravilló a los visitantes fueron los animales de granja, ya que en su planeta aparentemente no conocían y/o existían; los guajolotes, los cerdos ni las vacas a las que consideraron seres prodigiosos porque producían un líquido, que podía procesarse para una gran cantidad de alimentos, a explicación de Apodaca. Los dos visitantes, a pesar de su curiosidad, mantenían su distancia con los animales como si les temieran.

Al ranchero le extrañó esa actitud de sus invitados e hizo aquí muchas conjeturas, respecto al origen de estos hombres pensando que podían ser primeramente aviadores norteamericanos o europeos, cuya tecnología les había permitido fabricar una nave muy sofisticada. Pero una de las cosas que más le parecieron extrañas de su aspecto fueron sus ojos, ya que eran muy parecidos a los de los gatos monteses. Su piel era de un color marfil de la que nunca había visto en ningún ser humano. Todas esas extrañezas fueron percibidas por los hombrecitos, que le comenzaron a explicarle como si le hubiesen “leído la mente” que efectivamente eran de otro mundo, y que la Tierra no es el único planeta habitado.

Le dijeron que su mundo es más avanzado que el nuestro, pero que pronto nuestros avances científicos y tecnológicos nos igualarán al suyo. Posteriormente, correspondiendo a su hospitalidad y una vez aclarada su procedencia, invitaron al ranchero a su planeta.

SU VIAJE INTERPLANETARIO

Apodaca explicó que la nave en la que lo llevaban se dirigió en fracción de segundos al espacio exterior,

encontrando posteriormente otra nave de tamaño descomunal, en comparación a la que viajaban, (suponemos ahora esta ¡era la nave nodriza!). Desde una distancia muy grande vio al planeta Tierra en toda su magnitud. A la nave nodriza Antonio la describió en su interior con varios corredores abovedados y semicirculares.

Ahí lo hicieron pasar a lo que el describió como la cabina de controles donde había otros seres, pero de edad avanzada. Entre ellos se pusieron a hablar en su idioma el cual, según el ranchero, era muy fuerte y brusco. La primera nave en la que viajo, según Apodaca era transparente. Ahí le ofrecieron incluso de comer, pero no precisamente píldoras vitamínicas, lo que le dieron era comida “terrícola”; frutas y alimentos pero en pasta, como de leche pero “pastosos”.

Había una pantalla donde se veían “naves” que se “agrandaban y se achicaban”. La velocidad a la que viajaban era vertiginosa, pero él relata que no se sentía movimiento alguno, era incluso como si la nave estuviera estacionada. El observar continuamente dicha pantalla, ya en la nave nodriza le produjo mareos por lo que uno de los seres más “ancianos” le dijo que mejor se sentara.

Al parecer la atmósfera del interior de la nave nodriza no le había sentado bien, pues comenzó a sentir mucho sueño y a bostezar. Uno de los ancianos le dijo que se durmiera un rato. Después de unos minutos lo despertaron para que saliera de la nave, pues afuera le esperaba una vista maravillosa. Era una hermosa ciudad de otro mundo, donde había edificios enormes de varios colores y de superficies muy pulidas. La nave se posó encima de un edificio donde se veía una enorme metrópolis extraterrestre.


Había muchas naves sobrevolando el cielo. Tenían diversas formas, unas eran ovoides, redondas, alargadas, en forma de pera, esféricas, como cúpulas de iglesia, globos luminosos, etc. Ese espectáculo de luz y color era indescriptible. Todas las naves viajaban a unas velocidades muy rápidas, Antonio quedó impresionado con tanta belleza y adelantos extraordinarios e incomprensibles. Posteriormente lo regresaron a la Tierra.

Antonio Apodaca un hombre de campo hasta lo que relata M. GEBE decía, que nada ni nadie le podrá convencer de que no vivió ese encuentro con los seres venidos de las estrellas, ya que su historia era aparentemente difícil que una persona así construyera una experiencia con una gran

cantidad de detalles, sensaciones, sentimientos y admiraciones, que Apodaca relató, para tratarse solo de una historia de ciencia ficción.

Continuará…

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